Cecilio Olivier

A mediados de los 50, una ola de moralidad recorre España. En Gijón, coincide con el mandato como alcalde de Cecilio Olivier, un generalito de la cuadra de "Camulo" Alonso Vega, uno de los "duros" del régimen.
Se declara ilegal la prostitución -hasta entonces controlada, regulada e incluida en el sindicato de "Teatro, circo y variedades"- y se clausuran todas las casas de putas existentes en la ciudad.

Además, se declaran sospechosos todos los ciudadanos, por lo que se confía a la guardia municipal la vigilancia de en horas nocturas de parques y alrededores, frecuentados por desaprensivas parejas. Así, si se estaba aparcado en un 600 en un discreto lugar de La Providencia, no era difícil oir tras un golpecito en la ventanilla y tras el foco de una linterna "qué hacen ustedes ahí, salgan del coche, documentación...". Si no se llevaba esta o si la pinta a juicio del agente no parecía decente ¡al cuartón! para la identificación.

Ocurrió en una ocasión que una pareja al ser detenida, al idetificar a la chica en comisaría, esta era la hija del propio alcalde ...

Otra medida del alcalde en cuestión, con el ánimo de dar un aire marcial a la ciudad, fue obligar a los ciudadanos a circular siempre por la acera de la derecha en toda la ciudad, de manera que en las calles circulasen por una acera todos en una dirección, y por la de enfrente en sentido contrario. Lo que hizo saltar la paciencia de los ciudadanos fue el enclave de la cuesta de correos. Aqui, los peatones que procedentes de Moros o Corrida pretendían acceder por la izquierda a los buzones de correos, eran obligados por el oportuno agente a cruzar la calle, subir por la acera de la derecha a Begoña, pasar a la acera de enfrente y bajar a los buzones.