Un grupo de emigrantes constituidos en cooperativa pretendieron en los primeros años de la "democracia" construir en la zona del Rinconín un complejo comercial y viviendas. La corporación municipal presidida por Jose Manuel Palacio negó la autorización, por lo que el proyecto fracasó.
Unos años mas tarde, el "espabilado" de Silverio Cañada adquirió los terrenos a buen precio y cosas de los cambios -entonces era alcalde Álvarez Areces- consiguió la licencia para edificar: negocio redondo.
La historia de los adosados del Rinconín fue un rosario de calamidades, pufos a diestro y siniestro, quiebras, embargos, juzgados, etcétera.